Importar un vehículo es traerlo de otro país y darlo de alta por primera vez en el Registro de Vehículos español para que pueda circular con matrícula española.
Es el trámite más largo de todos los que gestionamos, y no por la DGT: lo que lo alarga es todo lo que hay antes. Un vehículo extranjero necesita estar homologado conforme a la normativa española, tener una ficha técnica española emitida aquí y pasar por la ITV antes de que Tráfico acepte matricularlo. Si además viene de fuera de la Unión Europea, hay que despacharlo en aduana y liquidar los aranceles.
En lo fiscal intervienen tres administraciones: la Agencia Tributaria con el Impuesto de Matriculación, calculado sobre las emisiones de CO₂; el ayuntamiento con el impuesto de circulación; y la DGT con la tasa de matriculación y el alta.
Si el vehículo es nuevo y lo has comprado en España, el trámite que necesitas es la matriculación, que es bastante más sencilla y más barata.